¿De Quién Fue La Culpa?

Partiendo de que ya tenemos claro que no somos perfectos, ¿por qué aun así nos cuesta aceptar y perdonar los errores de los demás? Cuando alguien más comete un error, a muchos nos es muy fácil apuntar dedos y buscar culpables de alguna situación que a veces, indirecta o inconscientemente, es posible nosotros mismas hayamos provocado. “Qué barbaridad, ¿cómo puede dormir tranquila sabiendo lo que hizo?” Estoy segura de que más de alguna vez has escuchado o hecho ese comentario. 

Si bien es cierto que los errores de los demás pueden llegar a afectar a terceros, ¿qué pasaría si en el momento que estamos a punto de juzgar a otra persona se nos pasara por la mente una película de todos los errores que hemos cometido nosotros a lo largo de nuestra vida? Qué diferente sería nuestra reacción antes los errores ajenos, ¿no es cierto? Posiblemente nos daría hasta pena apuntar el dedo, sabiendo que sería un acto algo hipócrita, como si nosotros estuviésemos exentos de cometer errores. 

Esto de apuntar dedos es un comportamiento automático, desde que estamos pequeños. Imagina esto: están dos hermanitos jugando y uno tomó algún objeto que no debió haber tomado, sin embargo, ambos están jugando con el objeto. Se acerca la mamá a preguntar quien fue e inmediatamente, ¡ambos se apuntan los dedos! Pareciera que a medida que vamos creciendo se va agravando esta costumbre.  

Busquemos romper patrones, ser diferentes, hagamos nuestro mayor esfuerzo por no apuntarle dedos a nadie. No importa cuan grave fue el error, no somos quienes para juzgar a los demás, ya que no somos perfectos. Esto nos va a ayudar no solo a no juzgar, si no también a ser más comprensivos con los demás y entender que la vida no se trata de estar contando errores y caídas, de las cuales ciertamente vamos a tener muchas, sino más bien de saber levantarnos, sacudirnos, aprender de nuestro error y buscar enmendar cuanto se pueda.